miércoles, 15 de agosto de 2007

Sexualidad, psicología (fetichismo, fijación de los fines sexuales preliminares)

En otros casos es una asociación de ideas simbólicas, casi siempre inconsciente en el sujeto, lo que le ha conducido a la sustitución del objeto por el fetiche. Los caminos seguidos para establecer estas asociaciones no siempre pueden indicarse con seguridad (el pie es, por ejemplo, un antiquísimo símbolo sexual que aparece ya en el mito, y las pieles deben quizá su papel de fetiche a la asociación con el cabello que recubre el mons veneris). Mas, tampoco este simbolismo parece ser siempre independiente de sucesos sexuales infantiles.

B) FIJACIÓN DE LOS FINES SEXUALES PRELIMINARES

Aparición de nuevos fines sexuales.- Todas las circunstancias externas e internas que dificultan o alejan la consecución del fin sexual normal (impotencia, coste elevado del objeto sexual, peligros del acto sexual) favorecen, como es comprensible, la tendencia a permanecer en los actos preparativos, convirtiéndolos en nuevos fines sexuales que pueden sustituirse al normal. Un penetrante examen muestra siempre que estos nuevos fines se hallan todos -hasta los de más extraña apariencia- indicados en el acto sexual normal.

Tocamiento y contemplación.- Para la consecución del fin sexual normal es indispensable -por lo menos al hombre- una cierta medida de tocamiento. Son, además, universalmente conocidos el aumento de excitación y la nueva fuente de placer que aportan las sensaciones del contacto con la epidermis del objeto sexual. Así, pues, la detención en el tocar no puede apenas contarse entre las perversiones cuando el acto sexual continúa luego hasta su fin.

Igual sucede con la contemplación derivada del tocamiento en último término. La impresión visual es el camino por el que más frecuentemente es despertada la excitación libidinosa, y con ella -si es permisible esta manera teleológica de considerar la cuestión cuenta la selección dejando desarrollarse hasta la belleza al objeto sexual. La ocultación del cuerpo, exigida por la civilización, mantiene despierta la curiosidad sexual, que tiende a contemplar el objeto por descubrimiento de las partes ocultas, pero que puede derivarse hacia el arte (sublimación) cuando es posible arrancar su interés de los genitales y dirigirlo a la forma física y total.

Una detención en este fin sexual intermediario de la contemplación sexualmente acentuado es, en cierto grado, patrimonio de todos los normales y hasta es lo que les da la posibilidad de dirigir cierta cantidad de su libido hacia fines artísticos más elevados. Por el contrario, la contemplación constituye una perversión: a) cuando se limita exclusivamente a los genitales; b) cuando aparece ligada con el vencimiento de una repugnancia (voyeurs), espectadores del acto de excreción; c) cuando en vez de preparar el fin sexual normal, lo reprime. Esto último es lo que constituye el carácter típico de los exhibicionistas, los cuales, si se me permite concluir un resultado general del único caso de esta perversión que me ha sido posible someter al análisis, muestran sus genitales para que, en reciprocidad, les sean enseñados los de la parte contraria.

En los voyeurs y los exhibicionistas resulta un curioso carácter que nos ocupará aún más intensamente en las aberraciones que a continuación examinaremos. El fin sexual se encuentra aquí en un doble desarrollo en forma activa y pasiva. El poder que se opone al deseo de contemplar o ser contemplado y que es vencido a veces por éste es el pudor (como antes la repugnancia).

lunes, 13 de agosto de 2007

Sexualidad, psicología (fetichismo)

Sustitución inapropiada del objeto sexual. Fetichismo.- Una particularísima impresión nos es producida por aquellos casos en que el objeto sexual normal es sustituido por otro relacionado con él, pero al mismo tiempo totalmente inapropiado para servir al fin sexual normal. Quizá hubiésemos hecho mejor, desde el punto de vista del orden expositivo, en citar este interesantísimo grupo de aberraciones del instinto sexual al tratar de las desviaciones con respecto al objeto pero lo aplazamos hasta haber expuesto el factor de la supervaloración sexual, del cual dependen estos fenómenos, a los cuales se enlaza una renuncia al fin sexual.

El sustitutivo del objeto sexual es, en general, una parte del cuerpo muy poco apropiada para fines sexuales (los pies o el cabello) o un objeto inanimado que está en visible relación con la persona sexual, y especialmente con la sexualidad de la misma (prendas de vestir, ropa blanca). Este sustitutivo se compara, no sin razón, con el fetiche en el que el salvaje encarna a su dios.

El tipo de transición a las formas de fetichismo, con renuncia a un fin sexual normal o perverso, lo constituyen aquellos casos en los cuales, para que el fin sexual haya de ser realizado, es preciso que el objeto sexual posea una condición fetichista (un determinado color de cabello, un traje especial o hasta un defecto físico). Ninguna otra de las variantes del instinto sexual limítrofes ya con lo patológico merece tanto nuestra atención como ésta, por la singularidad de los fenómenos cuya aparición motiva. Para todos estos casos parece constituir una condición previa la disminución del impulso hacia el fin sexual normal (debilidad funcional del aparato sexual). La conexión con lo normal se nos ofrece en la necesaria supervaloración sexual psicológica del objeto sexual, que se extiende inevitablemente a todo lo que con él se halla en conexión asociativa. Así, pues, es regularmente propio del amor normal cierto grado de tal fetichismo, sobre todo en aquellos estadios del enamoramiento en los que el fin sexual normal es inasequible o en los que su realización aparece aplazada.

¡Dadme un pañuelo de su pecho,
o una liga que presionare su rodilla!

[Goethe: FAUSTO.]

El caso patológico surge cuando el deseo hacia el fetiche se fija pasando sobre esta condición y se coloca en lugar del fin normal o cuando el fetiche se separa de la persona determinada y deviene por sí mismo único fin sexual. Estas son las condiciones generales para el paso de simples variantes del instinto sexual a aberración patológica. En la elección del fetiche se demuestra -como Binet fue el primero en afirmar y ha sido confirmado después por numerosas pruebas- la influencia continuada de una intimidación sexual experimentada, la mayor parte de las veces, en la primera infancia, fenómeno comparable a la proverbial capacidad de perdurar del primer amor en los normales. (On revient toujours à ses premiers amours.) Tal motivación es especialmente clara en los casos de simple condicionalidad fetichista del objeto sexual. Más adelante volveremos a encontrar en otras cuestiones la importancia de las tempranas impresiones sexuales.

Caminos

En caminos desechos, bloqueados y oscuros da los pasos que lleva a su destino. El frío externo que hiela su piel solo comparable al frío interno y el de su corazón destruido. Uno a uno da los pasos y minuto a minuto divisa la llegada hasta ver una bifurcación que lleva a un lugar más oscuro lleno de tinieblas pero parece un camino más largo que no deja ver el final de su trayecto. Al comparar esos caminos ve que el nuevo para él tiene más piedras, espinas, más frío pero no el climático sino uno que lo envuelve y hace más sensibles sus pies descalzos llenos de tierra con viejas y nuevas lastimaduras con las manos llenas de llagas y el rostro envejecido mira y nota que cada paso en la dirección que tome se aleja del otro camino. ¿Solo dos?, parecen haber muchos caminos pero él no los puede ver pareciera que sus ojos han sido preparados para ver solo esos dos caminos aunque parezca triste son los que sabe caminar y los camina bien. Mira ambos, los compara y se sienta a un lado esperando ver pasar algo que lo guíe pero no hay nada. El silencio se apodera del lugar, hasta escuchar un pequeño murmullo y pasos pero el lugar se vuelve más oscuro y poco a poco desaparecen sin llegar a divisarlos. Ve pasar un ángel que con el tiempo se va convirtiendo en un demonio más, sus bondades van desapareciendo como cual oruga a mariposa la trasformación es total. Él piensa, ¿se puede hacer algo? Porque si no lo corrompen se corrompe con el tiempo y luego quedan así en esencia como un ser. Llueve, el frío se acrecienta, el agua helada moja su débil cuerpo y es hora de elegir mira dubitativo los caminos de la izquierda y derecha. El manto de neblina se extiende hasta fuera del inicio del camino llegando a los pies de él y nota que ese manto va comiendo lentamente su piel como si de ácido se tratase. El camino es más largo, impredecible, ruidoso lleno de entes oscuros con lenguas de serpiente, con mentes perversas contenidas para evitar un potencial castigo. Él mira y se dice internamente: "Será esto para lo que estoy hecho, aguantar, ¿ser cordero entre los lobos?, caminar en solitario, ¿sacrificarse para seguir estando igual?". Agacha la cabeza y elige el camino, con pasos débiles y lentos va en dirección del camino que aparenta ser más largo sin saber que esconderá tras ella la espesa neblina.

Largo es el camino del que quiere llegar lejos pero peor es del necio que quiere acortar caminos

domingo, 12 de agosto de 2007

Sexualidad, Psicología (Tres Ensayos Para Una Teoría Sexual)

Empleo sexual de las mucosas bucales y labiales.- El empleo de la boca como órgano sexual se considera una perversión cuando los labios o la lengua de una persona entran en contacto con los genitales de la otra, y no, en cambio, cuando ambas mucosas labiales tocan una con otra. En esta excepción yace la conexión con lo normal. El que abomina de las otras prácticas, usadas quizá desde los más primitivos tiempos de la Humanidad, considerándolas como perversiones, obedece a una bien definida sensación de repugnancia que le protege de la aceptación de tal fin sexual. Los límites de esta repugnancia son, sin embargo, puramente convencionales: individuos que besan con pasión los labios de una bella muchacha no podrán emplear sin repugnancia su cepillo de dientes, aun no teniendo razón ninguna para suponer que su propia cavidad bucal, que no les produce asco, está más limpia que la de la muchacha. La repugnancia se nos muestra aquí como un factor susceptible de cerrar el camino a la sobreestimación sexual, pero también de ser vencido por la libido. Habremos, pues, de considerarla como uno de los poderes que contribuyen a limitar el fin sexual. Estos poderes se detienen ante los genitales mismos; pero no cabe duda de que también los genitales del sexo contrario pueden ser por sí mismo objeto de repugnancia y que esta conducta corresponde a las características de todos los histéricos (especialmente de los del sexo femenino). La fuerza del instinto sexual se complace en dedicarse al vencimiento de esta repugnancia.

Empleo sexual del orificio anal.- En el empleo sexual del ano se ve más claramente que en el caso anterior el hecho de ser la repugnancia lo que imprima a este fin sexual el carácter de perversión. A mi sentir -y espero que no se vea en esta observación un decidido prejuicio teórico- la razón en que se funda esta repugnancia, o sea, la de que dicha parte del cuerpo sirve para la excreción y entra en contacto con lo repugnante en sí -los excrementos-, no es mucho más sólida que la que dan las muchachas histéricas para explicar su repugnancia ante los genitales masculinos; esto es, que sirven para la expulsión de la orina.

El papel sexual de la mucosa anal no se halla en ningún modo limitado al comercio sexual entre individuos masculinos. Su preferencia no constituye nada característico de la inversión. Parece, al contrario, que la poedicatio del hombre debe su papel a la analogía con el acto realizado con la mujer, al paso que la masturbación recíproca es el fin sexual más frecuente en los invertidos.

Importancia de otras partes del cuerpo.- La extensión sexual a otras partes del cuerpo no ofrece en ninguna de sus variantes nada esencialmente nuevo, ni añade nada para el conocimiento del instinto sexual, que sólo en esto exterioriza su intención de apoderarse del objeto sexual en su totalidad. Mas, al lado de la supervaloración sexual, aparece en las extralimitaciones anatómicas un segundo factor extraño al conocimiento vulgar de estas cuestiones. Determinadas partes del cuerpo, como las mucosas bucales y anales, que aparecen siempre en estas prácticas, reclaman un derecho a ser consideradas y tratadas como genitales. Ya veremos cómo esta pretensión queda justificada por el desarrollo del instinto sexual y satisfecha en la sintomatología de ciertos estados patológicos.

sábado, 11 de agosto de 2007

Sexualidad, psicología.(Desviaciones relativas, transgresiones anatómicas)

(2) DESVIACIONES RELATIVAS AL FIN SEXUAL

Como fin sexual normal se considera la conjunción de los genitales en el acto denominado coito, que conduce a la solución de la tensión sexual y a la extinción temporal del instinto sexual (satisfacción análoga a la saciedad en el hombre). Pero aun el acto sexual más normal integra visiblemente aquellos elementos cuyo desarrollo conduce a las aberraciones que hemos descrito como perversiones. En calidad de fines sexuales preliminares se admiten ciertas relaciones intermediarias (existentes en el camino que conduce al coito) con el objeto sexual, tales como la contemplación y tocamiento del mismo. Estos actos están, de una parte, ligados con una sensación de placer por sí mismos, y de otra, elevan la excitación, que debe durar hasta la realización del fin sexual definitivo. Uno de estos contactos, el de ambas mucosas labiales, ha obtenido después -constituyendo el beso- un alto valor sexual en muchos pueblos (entre ellos los más civilizados), a pesar de que las partes del cuerpo que en él entran en juego no pertenecen al aparato genital, sino que forman la entrada del digestivo. Existen, pues, factores que permiten ligar las perversiones a la vida sexual normal y son aprovechables para la clasificación de las mismas. Las perversiones son alternativamente: a) transgresiones anatómicas de los dominios corporales destinados a la unión sexual; o b) detenciones en aquellas relaciones intermedias con el objeto sexual que normalmente deben ser rápidamente recorridas en el camino hacia el fin sexual definitivo.

A) TRANSGRESIONES ANATÓMICAS

Supervaloración del objeto sexual.- La valoración psíquica que recae sobre el objeto sexual como fin del instinto sexual no se limita, más que en rarísimos casos, a los genitales del mismo, sino que se extiende a todo su cuerpo y posee la tendencia de incluir todas las sensaciones emanadas del objeto. Igual sobreestimación aparece en el campo psíquico, mostrándose como una ofuscación lógica (debilidad del juicio) respecto a las funciones anímicas y perfecciones del objeto sexual y como una docilidad crédula para con los juicios exteriorizados por el mismo. La credulidad del amor constituye así una fuente importante, si no la primitiva, de la autoridad.

Esta supervaloración sexual es lo que tan mal tolera la limitación del fin sexual a la conjunción de los genitales y lo que ayuda a elevar a la categoría de fin sexual actos en que entran en juego otras partes del cuerpo.

La importancia de la supervaloración sexual puede estudiarse fácilmente en el hombre, cuya vida erótica ha llegado a ser asequible a la investigación mientras que la de la mujer, en parte por las limitaciones impuestas por la cultura y, en parte, por la silenciación convencional y la insinceridad de las mujeres, permanece aún envuelta en impenetrable oscuridad.

Sexualidad, psicología (impúberes y animales como objetos sexuales)

Siguiendo con al iniciativa propuesta en los post anteriores y que da comienzo con Sexualidad, psicología (Parte I) Inversión sigo exponiendo las temáticas sexuales que desde ahora cambian y recorren muchos temas interesantes.

B) IMPÚBERES Y ANIMALES COMO OBJETOS SEXUALES

Mientras que las personas cuyo objeto sexual no pertenece al sexo normalmente apropiado para serlo -esto es, los invertidos- se presentan a los ojos del observador como un conjunto de individuos sin más tara quizá que su desviación sexual, aquellas otras que eligen como objeto sexual sujetos impúberes (niños) nos parecen constituir casos aislados de aberración. Sólo excepcionalmente son los impúberes objeto sexual exclusivo; en la mayoría de los casos llegan tan sólo a serlo cuando un individuo cobarde e impotente acepta tal subrogado, o cuando un instinto impulsivo inaplazable no puede apoderarse en el momento de un objeto más apropiado. De todos modos, no deja de arrojar cierta luz sobre la naturaleza del instinto sexual el hecho de permitir tanta variación y tal degradación de su objeto, cosa que el hambre, mucho más estrictamente ligada al suyo, sólo admitiría en los casos extremos. Lo mismo puede decirse con respecto al comercio sexual con animales, nada raro entre los campesinos, y en el que la atracción sexual rebasa los límites de la especie.

Por razones estéticas limitaríamos gustosamente a los enfermos mentales estas y otras graves aberraciones del instinto sexual, pero ello no es posible. La experiencia enseña que en tales enfermos no se observan aberraciones sexuales distintas de las que aparecen en individuos sanos y en razas y clases sociales enteras. Así, encontramos con desoladora frecuencia atentados sexuales cometidos en niños por sus maestros y guardadores, tan sólo porque a éstos se les presentan más ocasiones para ello que a otras personas. Los enfermos mentales muestran únicamente tales aberraciones en un grado más elevado o -cosa especialmente significativa- llevadas a la exclusividad y sustituyendo a la satisfacción sexual normal.

Esta singular relación de las variantes sexuales con la escala gradual que va desde la salud a la perturbación mental da mucho que pensar. Me inclino a opinar que los problemas que aquí se nos plantean constituyen una indicación de que los impulsos de la vida sexual pertenecen a aquellos que aun normalmente son los peor dominados por las actividades anímicas más elevadas. Aquellos individuos que son mentalmente anormales en un aspecto cualquiera, ético o social, son asimismo -conforme me ha mostrado mi experiencia- anormales en su vida sexual.

En cambio, son anormales sexuales muchas personas que en todas las demás cuestiones se hallan dentro del tipo general y han seguido el desarrollo cultural humano, cuyo punto débil continúa siendo la sexualidad.

Como resultado general de estas elucidaciones deduciríamos que bajo una gran cantidad de condiciones, y sorprendentemente, en muchos individuos, la naturaleza y el valor del objeto sexual pasan a un lugar secundario, siendo algo diferente de esto lo esencial y constante en el instinto sexual.

viernes, 10 de agosto de 2007

Sexualidad, psicologia (Parte V) Inversión

Objeto sexual de los invertidos.- La teoría del hermafroditismo psíquico supone que el objeto sexual del invertido es el contrario al del normal. El hombre sucumbiría, como la mujer, al encanto emanado de las cualidades físicas y espirituales masculinas y, sintiéndose mujer, buscaría al hombre. Mas aun cuando esto sea exacto para toda una serie de invertidos, está, sin embargo, muy lejos de revelar un carácter general de la inversión. Es innegable que muchos invertidos masculinos conservan los caracteres psíquicos de su sexo; no poseen sino muy pocos caracteres secundarios del otro sexo y buscan, en su objeto sexual, rasgos psíquicos propiamente femeninos. Si esto no fuera así, no se explicaría por qué la prostitución masculina que se ofrece a los invertidos trata -hoy como en la antigüedad de copiar a las mujeres en los vestidos, aspecto exterior y modales, sin que esta imitación parezca ofender al ideal de los homosexuales masculinos. En la Grecia antigua, donde hombres de una máxima virilidad aparecen entre los invertidos, se ve claramente que no era el carácter masculino de los efebos, sino su proximidad física a la mujer, así como sus cualidades psíquicas femeninas -timidez, recato y necesidad de alguien que les sirva de maestro y apoyo-, lo que encendía el amor de los hombres. En cuanto el efebo se hacía hombre dejaba de ser objeto sexual para los individuos del mismo sexo y se convertía quizá, a su vez, en pederasta. El objeto sexual es, por tanto, en este caso, como en otros muchos, no el sexo igual, sino la reunión de los dos caracteres sexuales, la transacción entre dos deseos orientados hacia cada uno de los dos sexos, transacción en la que se conserva como condición la masculinidad del cuerpo (de los genitales) y que constituye, por decirlo así, el reflejo de la propia naturaleza bisexual.

Más inequívocas son las manifestaciones homosexuales en la mujer. Las invertidas activas presentan con gran frecuencia caracteres somáticos y psíquicos masculinos, y los exigen femeninos en su objeto sexual. De todos modos, también la homosexualidad femenina presenta formas muy diversas y múltiples variantes.

Fin sexual de los invertidos.- Hemos de retener como un hecho importante el de que el fin sexual de los invertidos no es, en modo alguno, unitario. Entre los hombres, la inversión no supone necesariamente el coito per anum. La masturbación aparece muchas veces como fin exclusivo, y las limitaciones del fin sexual -hasta la mera efusión sentimental- son aquí más frecuentes aún que en el amor heterosexual. En las mujeres son también muy diversos los fines sexuales de las invertidas, y entre ellos parece ser preferido el contacto con las mucosas bucales.

Conclusión.- No nos es posible deducir de lo hasta aquí expuesto una explicación satisfactoria de la génesis de la inversión, pero sí podemos observar que nuestras investigaciones nos han conducido a un resultado que puede ser de mayor importancia que la solución del problema en un principio planteado. Resulta que nos habíamos representado como excesivamente íntima la conexión del instinto sexual con el objeto sexual. La experiencia adquirida en la observación de aquellos casos que consideramos anormales nos enseña que entre el instinto sexual y el objeto sexual existe una soldadura cuya percepción puede escaparnos en la vida sexual normal, en la cual el instinto parece traer consigo su objeto. Se nos indica así la necesidad de disociar hasta cierto punto en nuestras reflexiones el instinto y el objeto. Probablemente, el instinto sexual es un principio independiente de su objeto, y no debe su origen a las excitaciones emanadas de los atractivos del mismo.

Nota: Termino la parte de la inversión, los próximos post van a ir variando de tema siendo menos extensos.